Así como no existiría la Princesa Diana sin Gales, ni un Stark sin Invernalia, ni la Reina de las Nieves sin Narnia, en este caso la cultura kawaii no existiría sin Harajuku. Este barrio destaca por ser el centro neurálgico de la moda de Tokio, así como sitio reunión de lo más pintoresco, creativo y extravagante de toda la ciudad. Que al final y el cabo, es lo que nos interesa.
Para datos turísticos, os dejo la guía oficial de la Japan National Tourism Organization, que seguro que son bastantes más serios que yo. Pero para conocer las locuras que hay por ahí, quedarse conmigo, hombre ya!
Ni falta hace decir que Harajuku es frecuentada sobre todo
por jóvenes. Jóvenes creativos y
extravagantes que tienen ganas de pasarlo bien expresándose a través de su
ropa, sus peinados, su actitud…
Posiblemente es el lugar de todo el mundo con mayor riqueza
a la hora de tribus urbanas, y justamente es eso lo que hace de Harajuku un
lugar tan especial, tan kitsch. Nos podemos encontrar desde niñas vestidas de
muñecas a chicos llenos de cruces y pinchos, pasando por millones de peluches
pegados a un vestido y señoras vestidas enteras de blanco.
Y lo mejor de todo es que no sólo nos encontramos gente
vistiendo de manera tan especial, sino que además encontramos infinidad de
tiendas para cada uno de esos estilos. Entrar en Harajuku es entrar en un
paraíso de contrastes y colorines, donde los complejos se quedan en la puerta y
donde absolutamente nadie te va a mirar raro por ir vestido de manera especial.
Total, seguramente ellos vistan más raro que tú.
Tal es su riqueza que ya Harajuku ha pasado de ser un barrio a modo de vida, a una cultura. Últimamente se viene hablando mucho de la Harajuku Kawaii Culture, cuyo icono e impulsor podría ser perfectamente Sebastian Masuda. La cultura de la extravagancia, de la diversión, del contraste… Hay que tener una mente muy abierta, extremadamente abierta para saber disfrutar de lo que se nos ofrece en ese, a primera vista, simple barrio.
Y parecer ser que no son solo los propios japoneses los que últimamente
están ayudando a expandir la Harajuku Culture, como puede ser Kyary Pamyu Pamyu, considerada “Princesa de Harajuku”, sino que también artistas
occidentales han quedado fascinados por el fenómeno y así los expresan. Es el caso de Gwen Stefani , que llamó a su
grupo de bailarinas las Harajuku Girls, a su tour mundial Harajuku Lovers Live y a su tienda de ropa, Harajuku Lovers. Y como prueba de su fascinación, un botón. Mirad lo que pone en la web de Harajuku Lovers sobre el barrio.
También la rapera Nicki Minaj decidió llamar a uno de sus
alter-ego Harajuku Barbie. E incluso
Lady Gaga ha decidido adoptar la estética cyber decora de Harajuku para su
último tour, el artRAVE The ARTPOP Ball.
Aunque también existen intentos desesperados por llamar la
atención del mercado asiático usando la cultura Harajuku como un reclamo, como
un anzuelo. Pero no siempre sale bien, justo como le ha pasado a Avril Lavigne
con su Hello Kitty. La controversia ha sido bestial, juzgad vosotros mismos.




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